"Biar, sin duda", per Antón Miralles

By Antón Miralles

Si el primero de noviembre me hacen la pregunta del millón : ¿Dónde está Biar? posiblemente  me hubiera quedado sin millón. Hoy, poco después del primero de mayo, creo  que hubiera contestado  que  Biar me estaba esperando.

 |  Opinió

Si el primero de noviembre me hacen la pregunta del millón : ¿Dónde está Biar? posiblemente  me hubiera quedado sin millón. Hoy, poco después del primero de mayo, creo  que hubiera contestado  que  Biar me estaba esperando.

En plena posguerra, dos hermanos de Castalla decidieron dedicarse al mundo del juguete, uno quedó en Castalla y el otro  se dedicó a recorrer el norte de la península como "viajante"  (lo que hoy sería un comercial).

Dicho viajante  conoció  a mi madre en uno de sus viajes a Bilbao, volvió varias veces, al final la cosa terminó en  boda y tras un feliz embarazo llegó al mundo el que está escribiendo esto. La vida se complicó  sobremanera para Carmen (mi madre) pues  teniendo su hijo ocho meses, Eliseo, su marido y mi padre, falleció de un problema cardíaco.

La familia de mi madre inmediatamente se puso a su lado y pasé a ser un niño querido y cuidado por una familia unida y acogedora. En verano, mi madre me traía a Castalla, manteniendo el contacto con la familia de su esposo que  me trataban no bien, maravillosamente. Pasaron muchos años, en los que nunca dejé de venir a ver ala familia de Castalla.

Tras muchas bajas en la familia, ley de vida, y cuando me llegó la jubilación, decidí dejar mi Bilbao por un tiempo para bajar a Alicante a reconstruir la historia de mi familia. Elegí Castalla como  base. Busqué un lugar en el que vivir. Estaba complicado, por cuestión de precios y escasez de viviendas. Una tarde, mi sobrino me llevó a  enseñarme algunos pueblos de los alrededores y, mediada la tarde, caímos en un pueblo espectacular, rodeado de pinos, con un castillo  en lo alto del pueblo, una parte  vieja  preciosa, con casas alrededor de un castillo medieval construido por los almohades, y una parte moderna, digamos  un ensanche, a donde se trasladó  el comercio y los servicios  de un pueblo que los necesita.

Tras una merienda  en una pastelería más que apetitosa, pregunté a Joaquina, una de las empleadas de la misma, si tenía idea de  alguna casa en alquiler. Bingo. Tras una gestión fulgurante, encontré la vivienda desde la que escribo esto y en donde creo que voy a estar bastante tiempo, pues encontré casi todo lo que necesitaba: farmacia, centro de salud, mi banco, biblioteca (de lujo), supermercados, y varias tiendas que cubren  plenamente mis necesidades. Unos días después, dando una vuelta por la parte central del pueblo, la sensación de tranquilidad fue tal, que ahí tomé la decisión de radicarme aquí. Contribuyó otro detalle en el que puede que mucha gente no se haya fijado: la gente, SALUDA, cuando te la cruzas. Impensable si uno viene, como es mi caso, de una urbe más que grande. Conclusión: No sé si para bien o para mal (seguro que para bien) me quedo con vosotros.

En breve, escribiré en valenciano.  Prometido.

Antón MirallesAnton

Bilbao, 1954. resultó ileso tras pasar más de diez años en un colegio de jesuitas, la mili obligatoria en el moro, un par de decenas de años en la banca y otro decenio en varias profesiones honestas. Deportista voluntarioso, lector epedernido, viajero netusiasta, melómano -rock setentero principalmente- y ateo gracais a Dios. Dni a parte, el único carnet que ha llevado alguna vez ha sido el de socio del Athletic Club de Bilbao. Integrante de los tristemente célebres "cinco millones", ha comenzado a escribir para labrarse un futuro próspero y recolectarse algo de "fondos" para la vejez, que está a la vuelta de estas páginas. Su único propósitos es entender, dice. Las obras maestras ya las han escrito otros.


Antón Miralles